El amor romántico, última utopía de la posmodernidad

25 de agosto de 2008

La autora analiza y desmonta el amor romántico de película, fábrica de sueños y de hacer dinero, dispositivo de control y utopía individual ante el desgaste de las utopías políticas y colectivas. Lo cuelgo porque casa bastante bien con la serie de textos escritos en nuestro blog sobre el amor ( 1, 2, 3, 4, 5 )

A pesar de que siempre se ha considerado el amor pasional un fenómeno individual, que acontece en el interior de cada ser humano como un proceso ‘mágico’ e ‘inevitable’ que transforma la vida entera de las personas cuando caemos enamorados (del inglés falling in love), lo cierto es que se trata de una construcción social y simbólica que varía según las culturas y las épocas históricas. En la posmodernidad el amor romántico se ha erigido en una nueva utopía de carácter emocional, una vez derrumbadas las utopías colectivas de carácter ideológico y político.

El individualismo y la infantilización de la población han llevado a una despolitización y un vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Una de ellas es la enfermedad del siglo XXI : la soledad, característica del modo de vida en las grandes urbes, donde las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido. Ha aumentado el número de hogares monoparentales ; la gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad. Un caldo de cultivo para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales, s’il vous plaît).

La industria del amor

El amor no sólo constituye un dispositivo de control social, sino que también posee una dimensión económica de gran envergadura cuyo correlato es el auge de las industrias nupciales : inmobiliarias, agencias de viajes, agencias de contactos, Iglesia católica, hoteles, salones de boda, bufetes de abogados para tratar acuerdos pre y postmatrimoniales, gabinetes de psicólogos y en los que se trata ‘el mal de amores’, etc. El amor es, así, un mecanismo que encauza el estilo de vida consumista imperante en nuestras sociedades actuales. Del mismo modo que ya muy poca gente acude al zapatero a arreglar su calzado porque resulta más cómodo y barato tirarlo a la basura y comprar otro nuevo, el amor tiene su propia oferta y demanda, y sus productos de usar y tirar ; todos buscan a la persona ‘ideal’ con la que establecer la relación perfecta. Este mercado sentimental constituye una especie de búsqueda compulsiva del paraíso, edén emocional en el que las ansias de autorrealización y de felicidad se ven colmadas y satisfechas. El amor es, en este sentido, un nexo que se establece con otra persona y gracias al cual podemos sentir que hay alguien que nos escucha, nos apoya incondicionalmente y lucha con nosotros contra los obstáculos de la vida : el amor como una fuente de felicidad absoluta y de emociones compartidas que amortiguan la soledad a la que está condenado el ser humano ; en pareja las personas se sienten ‘al menos’ acompañadas.

Fábrica de sueños

El problema fundamental de esta cultura del amor mitificado es que no casa con la realidad, ya que las personas no somos perfectas, y las relaciones entre nosotros tampoco. La rutina, el egoísmo, la incomunicación, la convivencia y otros muchos factores interrelacionados acaban con la ‘magia’ del amor. Las grandes expectativas que ponemos en que alguien nos ‘salve’ y nos ‘colme’ la existencia por completo hacen que la gente se sienta frustrada o agobiada por la tremenda responsabilidad que depositamos en la otra persona. El amor es una potente fábrica de sueños imposibles y además es una forma moderna de trascendencia espiritual. Al enamorarnos, las hormonas placenteras que se disparan hacen que la vida cobre una intensidad inusitada. La gente al enamorarse siente las puertas del destino abiertas a multitud de posibilidades, y se sienten creativos, ilusionados ante un nuevo proyecto vital y amoroso. Bajo la máxima de que el amor todo lo puede, somos capaces de realizar grandes gestas : buscar un trabajo mejor, enfrentarnos con valentía al jefe, cambiarnos de ciudad o país, enfrentarnos a nosotros mismos (nuestros miedos, defectos, debilidades…).

En definitiva, el amor es una especie de religión posmoderna individualizada que nos convierte en protagonistas de nuestra propia novela, que nos hace sentir especiales y que logra transportarnos a una dimensión sagrada, alejada de la gris cotidianidad de nuestra vida. Nos sirve, de algún modo, como un dispositivo para escapar de la realidad, una forma de evadirnos análoga a los deportes de riesgo, las drogas y la fiesta. Enamorarnos es sentir que estamos vivos, es una forma de segregar adrenalina que, sin embargo, suele hacernos sufrir mucho cuando se acaba o nos abandonan. El amor es utópico porque su idealización es irrealizable, su intensidad no es para siempre, y además, como dijo Neruda, el amor es breve : dura más el olvido.

4 comentarios:

Francisco J. Moreno Hernández dijo...

Discrepo con el contenido del artículo. No me parece que la idealización del amor sea posmodernista. Más bien lo veo como una característica modernista que se sigue arrastrando por esta nueva época en la que el posmodernismo aún no ha acabado de cuajar.

Me explico: la posmodernidad está caracterizada por la caída de las grandes ideologías. Dios, el fascismo, el comunismo y la mayoría de las utopías del s.XX... han quedado atrás y la gente ha perdido confianza en ellas. Eso sí, siempre quedan amplios reductos en los que sigue habiendo cristianos, neonazis y anarquistas adoradores del Che Guevara.

El amor romántico, tal y como está aquí expresado, cuadra como una de esas tantas utopías. si hablásemos del amor en el posmodernismo, como aquí se intenta, se debería tratar el amor puramente posmodernista: desencantado con el ideal y que se conforma con lo que hay.

En la sociedad posmodernista el amor no se idealiza. La gente que sale a enamorarse ya no lleva en su cabeza el encontrar a la mujer/hombre de su vida, sino que lo único que esperan es conocer a una persona, echar un polvo, y quizá ir al cine para pasar el rato. La gente que sale a enamorarse en la sociedad posmodernista piensa que tras quinientos intentos acabarán encontrando a alguien que merezca la pena.

Por supuesto, también sigue habiendo gente que sale en busca del amor de su vida. Igual que hay cristianos. Pero esa característica de la idealización del amor pertenece al modernismo, y por suerte o por desgracia, creo que acabará quedando atrás.

MCN dijo...

Modernismo, posmodernista... todas esas mierdas me lían.

Encontrar el amor es una buena forma de morir.

Volodia dijo...

FJMH escribio:

"Me explico: la posmodernidad está caracterizada por la caída de las grandes ideologías. Dios, el fascismo, el comunismo y la mayoría de las utopías del s.XX..."

Bueno eso es lo que defiende el articulo. Y esas utopias politicas han sido sustituidas por la idealizacion del amor, por la utopia del amor verdadero y fiel. De un amor para siempre
Nuestros abuelos no buscaban su "media anranja" en concursos de tv o chat; unos se casaban de penalti, otros daban el braguetazo y los mas, se casaban con lo que estuviera libre para no sentirse solos en la vejez.
Ahora se busca un ideal de amor seguramente agudizado porque ahora existe la libertad de poder amar se han eliminado ciertos convencionalismos sociales

Lo de Dios como ideologia del siglo XX es muy, muy, muy discutible.

Lo que tu apuntas de "sino que lo único que esperan es conocer a una persona, echar un polvo, y quizá ir al cine para pasar el rato" es cierto. Es decir, la sociedad se configura como "sociedad del espectaculo" como diria Guy Debord. Es decir " el espectaculo es la afirmacion de la apariencia y la afirmacion de toda vida humana, o sea social, como simple apariencia". Y a ese fenomeno corresponden los complejos de coños y pollas calientes que conocemos como discotecas. O el "aqui te pillo, aqui te mato" que configura la vida sexual temprana de la mayoria de seres del mundo occidental.

Pero ese fenomeno es intrinseco al posmodernismo. Es decir, frente al racionalismo de la modernidad, frente a su busqueda de la verdad y de la ciencia. El posmodernismo es la negacion, lo irracional y tambien lo ilusorio, lo momentaneo.
Debord sigue explicandolo mucho mejor que yo "el espectaculo es heredero de toda la debilidad del proyecto filosofico occidental, que no consistio sino en una interpretacion de la actividad humana dominada por las categorias del ver, al mismo tiempo que se apoyaba en el despliegue incesante de la precisa racionalidad tecnica surgida de tal pensamiento. No es que realice la filosofia, es que "filosofiza" la realidad."

En ese momento entra la idealizacion del amor. Porque el psomodernismo no destruye las ideologias, lo que hace es volverlas especulativas. Y convertir al rey de todas ellas, al amor.

Esto noe s nuevo, ya Feuerbach lo desarrollo en su momento en su famoso La Esencia del Cristianismo

Un saludo, y muchas gracias por participar FJMH

MCN dijo...

Proust escribió bastante sobre la psicología del hombre y los comportamientos irracionales, sobre todo con la temática del amor.