Hay días...

21 de junio de 2009

Hay días en los que es mejor
no salir de casa,
aunque el cielo esté en la tierra.

Hay días en los que es mejor
no levantar la mirada,
aunque ante ti se erija tu destino.

Hay días en los que es mejor
no pisar el suelo,
aunque te deslices por la extensa mar.

Hay días en los que es mejor
ser tú.

Abraza la oscuridad por Charles Bukowski

14 de junio de 2009

La confusión es el dios
la locura es el dios

la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.

no olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.

aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.

La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas

no hay dios
no hay política
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes

manténte alejado de dios
permanece angustiado

deslízate.

Hace tiempo que no me miro las pelotas

4 de junio de 2009

Una noche cálida, sentado en la silla en calzoncillos mientras tu culo se adhiere a ellos por el sudor. La calle descansa silenciosa, solo perturbada por el piar aleatorio de unos pocos pájaros: tal vez las farolas confundan su sueño. Un coche pasa, ya se ha ido. Todo parece estar sumido bajo un agente exterior en un continuo inamovible, controlado.

De repente, una chica desconsolada grita: "¡Te odio!". Todo el control pasado se difumina bajo el grito angustiado de un simple individuo . Nuestros actos parecen dominados por algo que subyace de nuestra condición, algo de lo que no podemos escapar; y, cuando lo intentamos, todo tiembla a nuestra alrededor. Llantos y sollozos en contra de lo que nos oprime y aflige: ¿hay solución?

Me gustaría gritar, decir al vacío que no le pertenezco. Estar fuera de lo estipulado puede sonar bonito y romántico, pero... ¿para qué? Es mejor silbar, reírte de tu falsedad y la de los demás, escupir contra ti mismo. Mirando al techo pienso: "Tanta mierda por acá y yo no tengo tiempo ni para mirarme los cojones en el espejo".

Noche silenciosa

1 de marzo de 2009

El cansancio agota mis capacidades mentales, las físicas no se tienen en cuenta. Una noche sin plan y sin mucho que hacer: leer revistas, libros, foros, masturbarse... lo típico. De todas maneras, algo positivo saco de esta noche: me terminé Rayuela. El libro me ha encantado y su protagonista más aún.

Horacio es un héroe ahogado. Se siente un ser superior, grandilocuente, mas a la vez sabe que hay muchas cosas que no puede aprehender. Se escuda en que le son indiferentes, pero le erosionan poco a poco y lo hunden. Niega importancia a la vida, sin embargo está preso de ella. El amor corre por su interior, a la vez que intenta desprenderse de él como si de un esputo se tratara. Quién no ha sido un Horacio alguna vez.

Mientras tanto, yo imagino ser mi propio héroe, buscar mi propio camino a espaldas de la opinión de mucha gente de la que aparento no sentir ni la más mínima condescendencia. Por supuesto, todo eso es irreal, solo hace falta mirar a mi alrededor para comprenderlo: papel higiénico manchado, un reloj que agota las horas, revistas que nunca termino de leer, apuntes desperdigados al azar, libros de la biblioteca...

Al otro lado está la calle recorrida por voces alegres cargadas de vitalidad. Aunque parezca mentira, no hay mucha distancia, ni anímica ni física, entre los dos. Yo también soy capaz de entregarme a las diversiones más banales de la mano de un cubata. Y no, no está nada mal. El problema viene al día siguiente y la correspondiente balanza de pérdidas y ganancias, el juicio de lo inmoral.

¿Adónde nos lleva lo correcto sino a un lugar que no sabremos disfrutar? ¿Dónde están unos ojos enfrentados, que diciéndoselo todo, despiertan sonrisas mutuas de complicidad? Tal vez por buscar el edén allá donde no podemos llegar, no conseguimos disfrutar del territorio que pisamos. Porque, recordad, pertenecemos a la tierra y a ésta obedecemos. No cabe más destino que el que este lugar con todas sus restricciones nos depara. No hay cielo ni infierno, tan solo unas grandes urbes que nos consumen o elevan día a día. Dejémonos flotar.

Un grano en tu atalaya

14 de febrero de 2009

Un camino despoblado, un árbol deshojado. Los dejo tras de mí en un lastimero intento de escapar de los fantasmas que me persiguen. Miro al frente, todo está borroso. ¿Dónde está el oasis que busco? ¿Cómo asir lo que un día vi marchar? ¿Mi cordura? ¿Tu ilusión? ¿Qué se escapó?

Inanes pensamientos se entrecruzan a mi paso. Un soplo de aire fresco, una hoja marchita vuela fijando mi distraída mirada. Estoy parado, mental y físicamente, ¿sigo o retrocedo? Dentro del absurdo, ¿qué tiene sentido? Me armo de valor, hoy será un buen día.

Paso delante de tu portal. Observo atentamente el número 16. ¿Qué me impide pulsarlo? ¿Una ética mal dictada? Desisto, no voy a llegar a ningún sitio así. Prosigo mi caminar. Acelero el paso; necesito sentir el viento contra mí, ser esclavo de algo material.

Ante mí se extiende la playa: amplia, infinita, inaprensible. Me tumbo sobre la arena. El sol se va sumergiendo poco a poco en el horizonte. El tiempo pasa tan rápido, pero a la vez tan lento. Muchas cosas que decir; mas ninguna has oído, escuchado, comprendido... ¿Dónde está el yugo que me impide avanzar? ¿Cuándo renuncié a continuar? ¿Por qué es todo tan difuso y complicado?

El lugar que no soñé

24 de enero de 2009

Hace unos días, volví a cruzar el lugar que nos vio juntos por vez última. Caminaba distraído sin reparar en mi entorno, sin recordar que unos meses atrás ahí te encontré. De repente, me detuve, el tiempo también lo hizo. Todo comenzaba a ser como en aquel encuentro, mi mente te evocaba.

Tu figura se volvió real: podía tocarla, circunscribir con mis dedos su delicado rostro, acariciar su suave y blanca tez, hacerla mía. La placidez era inmensa. Me deleité con esa sonrisa que un tiempo atrás me hacía suspirar sin prejuicio alguno. Nada era real, mas no era fantasía; tan solo un cúmulo de anhelos mal digeridos.

Como el humo industrial, el viento se llevó tu ilusión. Con un beso lastimero te despedí y las agujas del reloj volvieron a girar. Desperté de mi ensoñación y, tras hurgarme la nariz, retomé la marcha tranquilamente. Justo en ese momento supe que no te volvería a ver.