Lo cierto es que las drogas han sido desde siempre un tema difícil. Los victorianos lo consideraban” tabú", los liberales y estudiantes una forma de evasión comparable a un libro o una película, y la mayoría de la sociedad, algo de lo que hablar sin la experiencia de haberlo vivido.
En general se considera droga, a toda aquella sustancia que se entiende manifiestamente en contra de la moralidad socialmente establecida. Encontramos que el tabaco no es una droga, o al menos no sufre las restricciones de sus supuestas homologas. Al igual que el alcohol. Es difícil, en general, observar diferencias cuantificables, verificables, sobre que es y que no es una droga. Y la verdad es que a pocos les importan
Por su parte el amor, la otra parte de esta contradicción, es algo en boca de todos. Todos dicen haberlo probado, lo suelen recordar con cariño, sin olvidar su punto de amargura, y suele considerarse una de esas cosas por las que merece la pena la existencia.
No solo no tiene la consideración negativa de una droga, sino que es en muchos casos un objetivo, un ocaso para algunas atormentadas almas. El padecer de amor, o sufrir de amores-dependiendo del paladar- no se considera enfermedad y suele restituir eficazmente otras taras existenciales
El objetivo de este ensayo es grande. Quizás no tanto como se merece el tema. Pero si mas de lo que cualquiera esta dispuesto a leer.
Considerar al amor, una droga. Es como considerar a la democracia, una dictadura. O a las mujeres, unas santas.
Son cuestiones que se escapan de la lógica, porque como expresaban los asociacionistas: dos términos que van juntos se entienden como uno. El amor y la droga nunca fueron juntos. Al menos nunca nos dijeron tal cosa
Las drogas cambian procesos biológicos o químicos de un organismo. Alteran la percepción, vulneran las constantes vitales e introducen un elemento novedoso en un ecosistema en constante reequilibrio: el cuerpo humano.
Las drogas suelen producir efectos, de diversa índole. Algunas te mantienen alerta toda la noche, como la cocaína; otras de duermen, te provocan la risa y un estado de tranquilidad como el cannabis; y otras crean irrealidad, te hacen ver las estrellas y aumentan tu ansiedad hasta limites insospechados, como el LSD.
Nadie, con dos dedos de frente, vería relación a estos efectos, con los producidos por aquello que llaman amor, ¿pero es realmente así?
Lo primero es definir que es el amor. Lo entendemos-por no embaucarnos en la eterna discusión filosófica desde tiempos platónicos-como un vínculo afectivo-sexual de duración indeterminada, pero de consecuencias poderosas para mente y cuerpo. No hay dos amores iguales, es un aforismo que usted avezado lector podrá comprobar empíricamente. Pero, ¿tienen alguna relación sus efectos con los de las drogas?
Hay amores de noche, de barra de bar, o incluso de mirada furtiva. Amores rápidos, fugaces...
Son amores que provocan una reacción rápida, de subida y bajada, que se olvidan rápidamente, y solo estimulan después el pene. Esos amores recuerdan a la cocaína. El estado de euforia que provocan contrarresta con la desesperación del día siguiente. Ese cambio de vida que permanentemente nos prometemos después de consumar la ingestión.
Es un amor de quita y pon, pero del que es difícil escapar. Aun con relaciones sexuales satisfactorias en pareja, lo sigues buscando cada noche, porque nada te proporciona el placer de volver a enamorarte, para volver a abjurar por la mañana.
En la cocaína, el efecto es similar. Hasta el traje a la desesperación de la mañana se corta con el mismo patrón. Más siempre se vuelve a buscarla. Es una droga poderosa, como el amor.
Hay otros amores. Son de invernadero. No producen un placer instantáneo, visceral y animal. Es mas reposado, más duradero. Menos irracional.
Habremos encontrado una mujer atractiva, que nos llama para si. Pero nuestros deseos hacia ella iban más allá de la cama. No eran tampoco dignos de un solo día. Sino era en la sucesión temporal donde encontraban su aposento y desarrollaban sus virtudes.
Los fumadores habituales de cannabis habrán experimentado esa sensación. No es una dependencia violenta, que obligue. Pero sin la cual es difícil vivir, es difícil enfrentarse a determinadas situaciones.
El cannabis no provoca una dependencia sicológica como la cocaína o la mujer de una noche. Ese sentimiento de volver a hacerlo, aunque sea con otra, de recuperar esa montaña rusa que es acercarse a una mujer, sentirse aceptado y renovar compromisos con la droga que se alimenta de tu interior.
El cannabis en cambio, ofrece satisfacciones más lejanas. Un sentimentalismo que transforma la férrea dependencia en sumisión deseada. Una sumisión menos bellaca pero más conformada. Saliéndose quizás de los límites de la inmoralidad mas siendo imposible renunciar a ella. Sobre todo cuando se vuelve a poner por delante
El amor pasional. El flechazo. La idealización del sujeto amado es una práctica común. Pero siempre hay ocasiones que se lleva al límite de la locura. Apenas conocemos a la persona, pero una extraña conexión nos lleva a soñar con ella, a imaginar situaciones que sabemos imposibles de realizar. Quizás no nos unan a la otra persona mas que detalles circunstanciales, lugares comunes que nos hacen renovar los votos. Quizás cada mucho, pero vuelven con la misma fuerza. Unos efectos más naturales, sin contacto físico. Pero bordeando la locura, la desgracia, el dolor mas intimo. Como el LSD, la alteración del estado de ánimo, la posibilidad de realizar cualquier cosa que en otro momento ni nos plantearíamos
El amor y las drogas es una dicotomía falsa e inexacta. Falsa porque no es "Y" a secas, sino " y otras". Dejando claro, que dentro del tipo drogas se encuentra quizás la más peligrosa, por cuanto no solo es aceptada socialmente sino además azuzados nosotros a consumirla: el amor.
Es inexacto además, porque no es "el amor". Que ni tiene cuerpo, ni se expresa fuera del cuerpo de nadie. No flota en el aire, sino se conjuga y regenera una y otra vez en el cuerpo, levantado por la mente, y creado por una proyección que a veces real,otra imaginaria provoca efectos en nuestra forma de vivir. A veces imperecederos.
Los amores son muchos, porque en muchos cuerpos se generan. Y a partir de muchos cuerpos tambien son amores, porque son distintos. Cumplen funciones distintas. Se manifiestan de distinta forma. Mas todos se conjugan en el mismo verbo: el del dolor